- No ha sido una buena idea lo de la fuente ¿eh?-comenta Dee sentada en las escaleras de un callejón mientras trata de secarse el pelo con las manos. Se le comienza a ondular por las puntas y a enredar, sin embargo aún tiene el pelo demasiado mojado para formar muchos rizos.
- Se me está poniendo el pelo como un oso.-ríe la chica chicle.- Me podría presentar para el casting del Rey León.-comenta agitando el pelo y tarareando “Oh yo voy a ser el Rey León”
Estaban los dos solos. Lorena, su amiga y los otros tres chicos se habían ido a casa de uno de los muchachos a cambiarse de ropa y secarse. Marco y Dee rechazaron la invitación y buscaron un lugar cómodo donde secarse y descansar.
- La verdad es que no hemos estado muy brillantes.-reconoce Marco.
Se ha quitado la camisa hace mucho, desde que se metió en la fuente. Y espera a que se le seque con la chaqueta puesta. El pelo se le ha despeinado y también comienza ondularse, pero el joven no le presta atención a su aspecto. Estaba demasiado cansado para aquello.
- Tú no te quejes que habéis empezado Lore y tú.-contesta Dee.
Marco sonríe, echa la cabeza hacia atrás y se deja caer hasta sentarse en el suelo. Se queda mirando a la chica mientras esta trata de que no se le rice el cabello, y tras varios intentos desiste disgustada. Responde a la mirada del muchacho con otra.
- Te gusta Lore ¿verdad?-pregunta Dee con una sonrisa pícara.
Marco la observa detenidamente. La camiseta blanca se le ha pegado a la piel dejando entrever su figura, una manga de su camisa se ha caído y deja ver su hombro de una forma delicada, sus piernas descansan sobre los escalones estiradas cual largas son y terminan en las converse rojas desgastadas. El pelo cae suavemente por su espalda y por sus hombros graciosamente y a pesar de tener el maquillaje corrido el rojo de sus labios se mantiene a la perfección.
No, es imposible que le guste Lore. Vuelve a sonreír y niega con la cabeza.
- Pues qué lástima.-comenta apenada.-A ella le llamas bastante la atención.
Marco se queda de piedra. ¿Él? ¿A Lore? Había sido consciente de las insinuaciones. Pero pensaba que eso solo era porque él era un tío y se debía a la atracción natural hacía mucho que ninguna chica se fijaba en él, o por lo menos que él recibiese noticias. Dee se da cuenta de la sorpresa de su amigo. Se ríe.
- Se nota que eres hombre. Podría bailar desnuda delante de ti que si no te lo dice claramente no te enteras de nada.
- Hombre si bailase desnuda delante de mí…-contesta Marco sonriendo. Recibe una colleja por parte de su amiga como castigo.
- ¡Pervertido!-le espeta cariñosamente.
- Si quieres también puedes hacerlo tú.-le insinúa a la jovencita.
- Mira que eres tonto…-sonríe.-¡Verás cuando se lo diga a Lore!-le amenaza con un codazo.
- Sabes que no me importa.-contesta Marco tranquilamente. Dee se levanta y se sienta a su lado.
- No te conozco tanto.-susurra a su oído. Marco se estremece del cosquilleo que causa el roce de sus labios en su oreja.
- Lástima.-la mira.
La distancia entre el rostro de los dos jóvenes es mínima. Marco siente el respirar de su amiga y se le acelera el corazón. Todo huele a chicle de fresa. Pero no se atreve a hacer nada. Así que trata de evitar aquella situación tan incómoda para él.ç
- Sin embargo eres capaz de llamarme tonto. Así sin más.-Dee sonríe y le enseña la lengua.
Marco le propina un codazo en el antebrazo. Esta se ríe suavemente y él responde con otra sonrisa.
La noche ya se había adueñado de la ciudad cuando los dos jóvenes se continuaban sentados en el suelo recostados contra la pared del callejón entre risas.
- Va siendo hora de irse ¿no?-comenta apenado Marco. Llevan horas hablando de música, de cine, de series, de libros… Y le apena tener que despedirse de la chica chicle. Sin embargo aquella noche tiene mucho que hacer y no puede llegar tarde a su casa.
- ¡Es verdad!-exclama Dee sorprendida. Mira el reloj.-¿Las diez ya?
Marco asiente. Dee se levanta de un salto y le tiende la mano al chico.
- Corre, vamos a un último sitio.
- ¿Dónde?-inquiere el chico preocupado. Está agotado. No sabe cómo puede Dee mantener ese ritmo de vida. Además no puede tardar mucho.
- Tú, solo corre.-apremia la joven.
Marco acepta la mano que Dee le tiende y juntos recorrieren varias calles velozmente con Dee a la cabeza hasta llegar a su destino.
No sin antes chocarse con alguna que otra persona que mira a los dos jóvenes sucios y desaliñados con desaprobación.
El título no es el título final, es que aún no se me a ocurrido alguno decentillo. ¡ACEPTO SUGERENCIAS! :)
lunes, 7 de mayo de 2012
sábado, 14 de abril de 2012
CAPÍTULO 4
La tarde avanza y empieza a dar paso a la noche.
El atardecer les alcanzó en una fuente.
Marco había conocido a cientos de personas aquella tarde y ahora charla alegremente con una chica morena algo regordeta con unos leggins negros bajo unos shorts vaqueros que hacen a sus pequeñas piernas más bonitas y graciosas, lleva una camiseta de tirantes rosa con un escote que a pesar de no ser muy grande es la envidia de cualquiera. La joven juguetea con los mechones más largos de su oscuro pelo.
A su lado Dee tontea con un par de chicos bajo la mirada de desaprobación de la novia de alguno de los dos que, aunque no lo parecía, era una de las mejores amigas de la joven y besaba de vez en cuando a su chico para evitar que perdiese el interés en ella.
Marco no puede evitar mirar la escena por el rabillo del ojo de vez en cuando. Le molesta no ser el centro de atención de Dee y se siente egoísta por ello, pero ¿qué le va a hacer?
Una mano se posa en su pierna y éste se sobresalta, se encuentra con la mirada de la morena llamada Lorena. Sonríe y trata de ignorar al grupo que se encuentra a su lado. Las indirectas de Lorena son evidentes, a pesar de la clara timidez de la muchacha, pero él prefiere ignorarlas. Continúan hablando sobre temas banales y riéndose por cualquier tontería.
Pasado un tiempo de jugueteo entre los dos. Vuelve a evaluar a Lorena mentalmente. Es mona, tiene un encanto especial en sus ojos tan oscuros y grandes perfilados de negro lo cual hace que parezcan aún más profundos de lo que ya son.
Mete la mano en la fuente que se encuentra a su espalda por error. El agua esta fría pero no parece muy sucia. Marco tiene una idea que no puede calificar como brillante. Pero se siente cómodo con esa gente y no esperaba una reacción negativa por parte de la chica.
Sin pensárselo más salpica con unas pocas gotas la cara de Lorena. Ésta grita sorprendida y se queda unos segundos petrificada con la boca abierta mientras las gotas corren velozmente por sus facciones brillando bajo la luz del sol. La joven no sabe si cabrearse o seguir con la broma.
Sin embargo tras abrir los ojos y ver la cara de Marco se le aclararon las dudas y metiendo las dos manos en la fuente le salpica el doble. Éste se levanta rápidamente con una carcajada. No es lo suficientemente rápido y se moja parte de la camisa. Lorena le mira desafiante.
- Eso no te lo esperabas eh.-apunta.
- Ahora verás…-amenaza tras una sonrisa.
La chica se ríe y corre unos metros lejos de él. Marco coloca las manos como un cuenco y las llena de agua con la que salpica a Lorena que se cubre como puede con las manos y da un salto hacia atrás. La mayoría de las gotas caen en el suelo pero la muchacha se siente tentada a vengarse del joven y corriendo se acerca a por agua. Al poco tiempo los dos se encuentran salpicándose animadamente
Los cuatro que están a su lado se percatan de la pelea de la pareja y observan divertidos dejando a un lado la conversación. Marco sonríe para sus adentros al sentir la mirada de Dee en su nuca. Por primera vez es él el que capta su atención y no al revés.
Las chicas comienzan a aclamar a gritos la victoria de Lorena mientras que los otros animan a Marco empujando suavemente a las chicas para que callen. Todos gritan y poco a poco los animadores comienzan a salpicarse los unos a los otros y entre risas se insultan a gritos imitando a los jóvenes que se salpicaban unos metros más lejos.
- ¡Guerra de agua!-anima tras unos minutos uno de los chicos y los cuatro se levantan a tirarse agua los unos a los otros, más animados todavía, uniéndose a la pareja de jóvenes que comenzaron aquella curiosa pelea.
Rápidamente se encuentran los seis corriendo alrededor de la fuente con la manos llenas de agua y la ropa ligeramente mojada mientras el resto de personas les miran entre divertidos y escandalizados.
Uno de los chicos consigue coger a Dee en brazos y tras forcejear un buen rato y recibir algún que otro puñetazo, arañazo, patada o mordisco de la joven consigue tirarla de lleno en la fuente ganando aquella pelea.
- ¡Ah!-exclama la joven al salir del agua.
Ríe divertida empapada de la cabeza a los pies con todo el pelo delante de la cara y pegado al cuerpo al igual que la ropa. Pero prefiere no salir de la fuente.
El otro chico atrapa a su novia y sigue el ejemplo de su amigo para desgracia de la muchacha mientras Dee le anima deseosa de compañía. Marco repite la operación con Lorena mientras esta suplica misericordia propinándole puñetazos en el brazo sabiendo de antemano que era imposible que le causase ningún tipo de daño al chico. Muy a su pesar las tres chicas acaban dentro de la fuente con la raya corrida y la ropa empapada gritando y salpicándose entre ellas.
Las muchachas se quejan pidiendo justicia. Así, todos los chicos acaban en la fuente junto a ellas con la ropa empapada. Se burlan de su aspecto y las chicas juegan a hacerse peinados con el agua y revolver el pelo a los chicos que prefieren salpicar a las jovencitas y observar cómo las camisetas se les pegaban al cuerpo dejando ver las tres atractivas siluetas de las chicas.
Algunas personas observan la escena y algunos jóvenes les imitan bañándose con ellos en la fuente o se dedican a charlar con ellos desde el bordillo divertidos. A nadie parece importarle que el agua de la fuente pudiese estar sucia o no excepto a algunas personas que pasaban al lado de la fuente y les advierten a los chicos: “Vais a coger algo”, “Está empezando a hacer frío”, “¿Os parece normal el ejemplo que estáis dando?” “Esa agua está hecha un asco”, “Voy a llamar a la policía” o simplemente “¡Estáis todos locos!” Sin embargo los jóvenes hacen caso omiso de todas esas advertencias.
Entre risas el sol comienza a ponerse lentamente y el cielo se torna de color naranja.
El atardecer les alcanzó en una fuente.
Marco había conocido a cientos de personas aquella tarde y ahora charla alegremente con una chica morena algo regordeta con unos leggins negros bajo unos shorts vaqueros que hacen a sus pequeñas piernas más bonitas y graciosas, lleva una camiseta de tirantes rosa con un escote que a pesar de no ser muy grande es la envidia de cualquiera. La joven juguetea con los mechones más largos de su oscuro pelo.
A su lado Dee tontea con un par de chicos bajo la mirada de desaprobación de la novia de alguno de los dos que, aunque no lo parecía, era una de las mejores amigas de la joven y besaba de vez en cuando a su chico para evitar que perdiese el interés en ella.
Marco no puede evitar mirar la escena por el rabillo del ojo de vez en cuando. Le molesta no ser el centro de atención de Dee y se siente egoísta por ello, pero ¿qué le va a hacer?
Una mano se posa en su pierna y éste se sobresalta, se encuentra con la mirada de la morena llamada Lorena. Sonríe y trata de ignorar al grupo que se encuentra a su lado. Las indirectas de Lorena son evidentes, a pesar de la clara timidez de la muchacha, pero él prefiere ignorarlas. Continúan hablando sobre temas banales y riéndose por cualquier tontería.
Pasado un tiempo de jugueteo entre los dos. Vuelve a evaluar a Lorena mentalmente. Es mona, tiene un encanto especial en sus ojos tan oscuros y grandes perfilados de negro lo cual hace que parezcan aún más profundos de lo que ya son.
Mete la mano en la fuente que se encuentra a su espalda por error. El agua esta fría pero no parece muy sucia. Marco tiene una idea que no puede calificar como brillante. Pero se siente cómodo con esa gente y no esperaba una reacción negativa por parte de la chica.
Sin pensárselo más salpica con unas pocas gotas la cara de Lorena. Ésta grita sorprendida y se queda unos segundos petrificada con la boca abierta mientras las gotas corren velozmente por sus facciones brillando bajo la luz del sol. La joven no sabe si cabrearse o seguir con la broma.
Sin embargo tras abrir los ojos y ver la cara de Marco se le aclararon las dudas y metiendo las dos manos en la fuente le salpica el doble. Éste se levanta rápidamente con una carcajada. No es lo suficientemente rápido y se moja parte de la camisa. Lorena le mira desafiante.
- Eso no te lo esperabas eh.-apunta.
- Ahora verás…-amenaza tras una sonrisa.
La chica se ríe y corre unos metros lejos de él. Marco coloca las manos como un cuenco y las llena de agua con la que salpica a Lorena que se cubre como puede con las manos y da un salto hacia atrás. La mayoría de las gotas caen en el suelo pero la muchacha se siente tentada a vengarse del joven y corriendo se acerca a por agua. Al poco tiempo los dos se encuentran salpicándose animadamente
Los cuatro que están a su lado se percatan de la pelea de la pareja y observan divertidos dejando a un lado la conversación. Marco sonríe para sus adentros al sentir la mirada de Dee en su nuca. Por primera vez es él el que capta su atención y no al revés.
Las chicas comienzan a aclamar a gritos la victoria de Lorena mientras que los otros animan a Marco empujando suavemente a las chicas para que callen. Todos gritan y poco a poco los animadores comienzan a salpicarse los unos a los otros y entre risas se insultan a gritos imitando a los jóvenes que se salpicaban unos metros más lejos.
- ¡Guerra de agua!-anima tras unos minutos uno de los chicos y los cuatro se levantan a tirarse agua los unos a los otros, más animados todavía, uniéndose a la pareja de jóvenes que comenzaron aquella curiosa pelea.
Rápidamente se encuentran los seis corriendo alrededor de la fuente con la manos llenas de agua y la ropa ligeramente mojada mientras el resto de personas les miran entre divertidos y escandalizados.
Uno de los chicos consigue coger a Dee en brazos y tras forcejear un buen rato y recibir algún que otro puñetazo, arañazo, patada o mordisco de la joven consigue tirarla de lleno en la fuente ganando aquella pelea.
- ¡Ah!-exclama la joven al salir del agua.
Ríe divertida empapada de la cabeza a los pies con todo el pelo delante de la cara y pegado al cuerpo al igual que la ropa. Pero prefiere no salir de la fuente.
El otro chico atrapa a su novia y sigue el ejemplo de su amigo para desgracia de la muchacha mientras Dee le anima deseosa de compañía. Marco repite la operación con Lorena mientras esta suplica misericordia propinándole puñetazos en el brazo sabiendo de antemano que era imposible que le causase ningún tipo de daño al chico. Muy a su pesar las tres chicas acaban dentro de la fuente con la raya corrida y la ropa empapada gritando y salpicándose entre ellas.
Las muchachas se quejan pidiendo justicia. Así, todos los chicos acaban en la fuente junto a ellas con la ropa empapada. Se burlan de su aspecto y las chicas juegan a hacerse peinados con el agua y revolver el pelo a los chicos que prefieren salpicar a las jovencitas y observar cómo las camisetas se les pegaban al cuerpo dejando ver las tres atractivas siluetas de las chicas.
Algunas personas observan la escena y algunos jóvenes les imitan bañándose con ellos en la fuente o se dedican a charlar con ellos desde el bordillo divertidos. A nadie parece importarle que el agua de la fuente pudiese estar sucia o no excepto a algunas personas que pasaban al lado de la fuente y les advierten a los chicos: “Vais a coger algo”, “Está empezando a hacer frío”, “¿Os parece normal el ejemplo que estáis dando?” “Esa agua está hecha un asco”, “Voy a llamar a la policía” o simplemente “¡Estáis todos locos!” Sin embargo los jóvenes hacen caso omiso de todas esas advertencias.
Entre risas el sol comienza a ponerse lentamente y el cielo se torna de color naranja.
lunes, 9 de abril de 2012
CAPÍTULO 3
¿Qué narices hago aquí? Marco espera nervioso en la parada de autobús. Aún no ha aparecido la chica del pelo rosa y ya le parece una mala idea haber venido.
En realidad nunca pensó que fuese una buena idea. Pero lo cierto es que está aburrido de todo. Y la verdad es que no puede perder nada viniendo. Además tiene ganas de hablar con la tal Dee-Dee. Aunque él no quiere reconocerlo. Empieza a tamborilear con los dedos sobre el móvil que mira una y otra vez buscando la hora.
Pasan los minutos, las cinco, las cinco y tres, las cinco y seis… Marco impaciente comienza a cambiar el peso de su cuerpo de una pierna a otra con un suave tambaleo impaciente.
Llega un autobús, y otros muchos más. Tiene la esperanza de que Dee-Dee baje de uno de ellos. Pero eso no ocurre, tiene la sensación de que le han dado calabazas aún sin ser eso una cita. Mira a ambos lados agudizando la vista al máximo. Pero ni rastro de la muchacha de pelo rosa. ¿Seguro que no fue un sueño?
- ¡Eh!-grita alguien a lo lejos.
El corazón de Marco da un vuelco, ya tenía asumido que la joven no iba a aparecer. Por fin, piensa. Se siente ridículo. ¿Por qué habré venido? No me costaría nada empezar el dibujo de nuevo. Pero, ¿Aquello es por el dibujo?
No le da tiempo reflexionar más porque unos brazos le rodean rápidamente y hunde la cara en una suave cabellera rosa que huele a fresas.
Le parece irónico, todo lo rosa chicle huele a fresa incluso las mujeres rosas, y sonríe. No eso no es un sueño, el dulce olor es demasiado real.
- Hola.-saluda la joven.
- Hola.-responde Marco con un toque de desdén.
- Me alegro de que no te hayas enfadado por el dibujo.-dice alegremente Dee-Dee.
- La verdad es que me ha molestado bastante.-contesta Marco aparentando ser un tipo duro y tratando de ocultar las ganas que tenía en los últimos minutos de ver a la chica.-No está bien eso de ir por ahí, se-cues-tran-do.-dice mientras hace una especie de comillas con dos dedos de cada mano.-Dibujos.
Dee-Dee le mira fijamente, se encuentran en un momento de silencio incómodo en el que ninguno de los dos sabe muy bien que decir o que hacer.
Marco observa a la chica de arriba a abajo la joven viste unos vaqueros largos igual de rotos que los anteriores y muy desgastados sujetados en su fina cadera por un cinturón de cuadros ska blancos y negros. Lleva una camiseta de hombros descolgados blanca con el logo de Los Ramones y unas converse rojas con un cordón negro y otro blanco.
La chica toma la iniciativa, ya que es ella la causante de todo aquello y no soporta más esa incómoda situación.
-Bueno… Da igual. El caso es que has venido. Incluso antes de tiempo.-Marco se sonroja.
¿Tanto se nota que había llegado cinco minutos de antes? Espera que la muchacha no crea que tenía ganas de verla. Aunque en el fondo no iría muy desencaminada. Pero Marco negaría esa afirmación tantas veces como hicieran falta.-¿Nos vamos a dar una vuelta?-propone insegura la chica mirando al muchacho intentando averiguar a qué viene esa reacción.
- ¿Pero no me vas a dar mi dibujo?-responde Marco anonadado disimulando sus mejillas sonrosadas.
- Solo si me caes bien.-responde Dee-Dee con una sonrisa. Marco suspira, tiene que entrar en el juego de aquella loca del pelo rosa. Pero bueno, no tiene nada mejor que hacer, su vida no es muy interesante que se diga. O por lo menos, no lo es para él.
- Supongo que no puedo negarme.-acepta Marco encogiéndose ligeramente de hombros.-Pero antes de nada. ¿Cómo te llamas?
- Llámame Dee. Firmo como Dee-Dee pero solo Dee.-espera un segundo antes de aclarar.-Se escribe con dos es.
- Ese no es tu nombre de verdad ¿no?-pregunta Marco ladeando la cabeza. La chica ríe, pero no contesta. Marco no puede evitar sentir curiosidad por Dee. Ella en sí es un misterio.
Durante aquella tarde recorrieron varios parques y tiendas extravagantes en los que Dee no dejaba de saludar a gente con una intimidad impresionante. Parecía que no había nadie de aquel mundillo que no la conociese. Era extremadamente sociable.
Sin embargo mucha gente le dedicaba a Marco una mirada hostil. Destacaba bastante por su atuendo aunque Dee no se percató de ello, o por lo menos no parecía hacerlo.
Marco siempre iba impecable a todos lados, camisa y pantalones lisos. No llegaba a meterse la camisa por dentro pero estaba a un paso. Llevaba zapatillas elegantes y una americana del mismo color que los pantalones. El pelo liso con flequillo de lado perfectamente peinado.
Cuidaba su imagen, y llamaba la atención verle junto a Dee, eran dos polos opuestos.
En realidad nunca pensó que fuese una buena idea. Pero lo cierto es que está aburrido de todo. Y la verdad es que no puede perder nada viniendo. Además tiene ganas de hablar con la tal Dee-Dee. Aunque él no quiere reconocerlo. Empieza a tamborilear con los dedos sobre el móvil que mira una y otra vez buscando la hora.
Pasan los minutos, las cinco, las cinco y tres, las cinco y seis… Marco impaciente comienza a cambiar el peso de su cuerpo de una pierna a otra con un suave tambaleo impaciente.
Llega un autobús, y otros muchos más. Tiene la esperanza de que Dee-Dee baje de uno de ellos. Pero eso no ocurre, tiene la sensación de que le han dado calabazas aún sin ser eso una cita. Mira a ambos lados agudizando la vista al máximo. Pero ni rastro de la muchacha de pelo rosa. ¿Seguro que no fue un sueño?
- ¡Eh!-grita alguien a lo lejos.
El corazón de Marco da un vuelco, ya tenía asumido que la joven no iba a aparecer. Por fin, piensa. Se siente ridículo. ¿Por qué habré venido? No me costaría nada empezar el dibujo de nuevo. Pero, ¿Aquello es por el dibujo?
No le da tiempo reflexionar más porque unos brazos le rodean rápidamente y hunde la cara en una suave cabellera rosa que huele a fresas.
Le parece irónico, todo lo rosa chicle huele a fresa incluso las mujeres rosas, y sonríe. No eso no es un sueño, el dulce olor es demasiado real.
- Hola.-saluda la joven.
- Hola.-responde Marco con un toque de desdén.
- Me alegro de que no te hayas enfadado por el dibujo.-dice alegremente Dee-Dee.
- La verdad es que me ha molestado bastante.-contesta Marco aparentando ser un tipo duro y tratando de ocultar las ganas que tenía en los últimos minutos de ver a la chica.-No está bien eso de ir por ahí, se-cues-tran-do.-dice mientras hace una especie de comillas con dos dedos de cada mano.-Dibujos.
Dee-Dee le mira fijamente, se encuentran en un momento de silencio incómodo en el que ninguno de los dos sabe muy bien que decir o que hacer.
Marco observa a la chica de arriba a abajo la joven viste unos vaqueros largos igual de rotos que los anteriores y muy desgastados sujetados en su fina cadera por un cinturón de cuadros ska blancos y negros. Lleva una camiseta de hombros descolgados blanca con el logo de Los Ramones y unas converse rojas con un cordón negro y otro blanco.
La chica toma la iniciativa, ya que es ella la causante de todo aquello y no soporta más esa incómoda situación.
-Bueno… Da igual. El caso es que has venido. Incluso antes de tiempo.-Marco se sonroja.
¿Tanto se nota que había llegado cinco minutos de antes? Espera que la muchacha no crea que tenía ganas de verla. Aunque en el fondo no iría muy desencaminada. Pero Marco negaría esa afirmación tantas veces como hicieran falta.-¿Nos vamos a dar una vuelta?-propone insegura la chica mirando al muchacho intentando averiguar a qué viene esa reacción.
- ¿Pero no me vas a dar mi dibujo?-responde Marco anonadado disimulando sus mejillas sonrosadas.
- Solo si me caes bien.-responde Dee-Dee con una sonrisa. Marco suspira, tiene que entrar en el juego de aquella loca del pelo rosa. Pero bueno, no tiene nada mejor que hacer, su vida no es muy interesante que se diga. O por lo menos, no lo es para él.
- Supongo que no puedo negarme.-acepta Marco encogiéndose ligeramente de hombros.-Pero antes de nada. ¿Cómo te llamas?
- Llámame Dee. Firmo como Dee-Dee pero solo Dee.-espera un segundo antes de aclarar.-Se escribe con dos es.
- Ese no es tu nombre de verdad ¿no?-pregunta Marco ladeando la cabeza. La chica ríe, pero no contesta. Marco no puede evitar sentir curiosidad por Dee. Ella en sí es un misterio.
Durante aquella tarde recorrieron varios parques y tiendas extravagantes en los que Dee no dejaba de saludar a gente con una intimidad impresionante. Parecía que no había nadie de aquel mundillo que no la conociese. Era extremadamente sociable.
Sin embargo mucha gente le dedicaba a Marco una mirada hostil. Destacaba bastante por su atuendo aunque Dee no se percató de ello, o por lo menos no parecía hacerlo.
Marco siempre iba impecable a todos lados, camisa y pantalones lisos. No llegaba a meterse la camisa por dentro pero estaba a un paso. Llevaba zapatillas elegantes y una americana del mismo color que los pantalones. El pelo liso con flequillo de lado perfectamente peinado.
Cuidaba su imagen, y llamaba la atención verle junto a Dee, eran dos polos opuestos.
sábado, 7 de abril de 2012
CAPÍTULO 2
¡Maldita guarra! Marco da vueltas a su habitación de un lado a otro. De vez en cuando le da una patada a la mesa o al armario.
Su habitación no es muy grande y en un par de zancadas se la come. La cama se encuentra pegada a la pared de la derecha y al fondo un pequeño escritorio desordenado con papeles y libros por todos lados, en el medio resalta un viejo ordenador portátil que siempre está enchufado. El armario está empotrado en la pared enfrente de la cama y deja un pequeño espacio entre la cama y el dónde se sitúa un espejo alto. Enfrente de la cama hay una encimera repleta de cajones y a su lado un mueble estantería plagado de carpetas libros peluches y fotos. En el suelo una pequeña alfombra a rayas de colores ocupa el espacio libre que no es muy extenso.
Así que da las vueltas muy rápido, como un loco, sobre la pequeña alfombra. Tiene todos los dibujos esparcidos por la cama y la carpeta amarilla tirada en el suelo abierta de par en par.
Se deja caer mareado en la cama no sabe si es por las vueltas o por el enfado. En el fondo le da igual. No le importa que algunos dibujos se arruguen y crujan bajo su peso. Aparta los cojines de la cama con un manotazo. Se intenta relajar. Imposible. Ya venía cabreado antes de subir al autobús. No pudo dibujar en paz. Y encima esto. Estira el brazo hasta un pequeño trozo de papel arrugado. Relee la nota que ha encontrado en la carpeta:
“Más o menos, esto es un secuestro. Si quieres recuperar ese bonito dibujo que estabas haciendo tendrás que quedar conmigo mañana a las 5 en la parada de autobús en la que subiste ayer.
Besos Dee-Dee."
Hace una mueca de disgusto mientras rebusca de nuevo entre los papeles de la cama comprobando por décima vez que no se encuentra el dibujo entre ellos. Se deja caer de nuevo boca arriba sobre la almohada. No lo había encontrado. La chica del pelo rosa se lo había llevado de verdad.
A cualquiera eso le habría parecido algo bonito o romántico. A él, no. ¿Quién se cree que es para secuestrar dibujos? Se plantea acudir a la cita para recuperar su dibujo. ¿Qué podía a perder? El tiempo. Pero no tiene ninguna otra opción. Sin embargo le repatea la moral el hecho de que ella saliese con la suya. Ese comportamiento le parecía más propio de una cría pequeña que de esa chica que debería tener por lo menos dieciséis años.
Definitivamente no, no va a ir. No le dará ese placer a la tal Dee-Dee. No sabe nada sobre ella y dado a las pintas que lleva…
Lo que más le molesta es que se siente muy orgulloso de ese dibujo. No lo ha copiado de ningún lado. Es completamente suyo. ¡Hasta tenía pensado pasarlo a ordenador y terminarlo con un programa! Pero no lo podría hacer a no ser que se citase con la chica de pelo rosa. Pero no, no va a ir: se dice una y otra vez.
- Maldita guarra…-repite para sí mismo.
La insulta miles de veces y recuerda su imagen. Se ríe para sus adentros. ¿Qué se cree que es con el pelo rosa? Aunque era cierto que lo llevaba con naturalidad. Pero era demasiado falso. Los ojos perfilados, los labios rojos y el pelo rosa. ¿Cómo sería ella de forma natural? ¿Llevaba ese aspecto únicamente para llamar la atención o reflejaba su personalidad?
La verdad es que es la chica más curiosa que jamás ha visto y la idea de quedar con ella es realmente tentadora. Pero se lo podría haber pedido de otra forma ¿no? Es que… chantajearle, ¿a él? A pesar de todo es orgulloso. No se dejará arrastrar por aquella chica.
Es una desconocida ¡Una cualquiera! ¿Cualquiera? Pero si es impresionante. ¡Dios que confusión! ¿Por qué no puede ponerse de acuerdo consigo mismo?
- Maldita bipolaridad-gruñe.
Niega un par de veces con la cabeza diciéndose a sí mismo que no va a ir. ¿Por qué no es capaz de creer lo que estaba diciendo? Maldice la situación mil veces más.
Se levanta de un salto dejando caer parte de los papeles de la cama al suelo. Ya lo recogerá más tarde. Hace crujir los dedos de sus manos. Enciende el ordenador y se sienta en la silla del escritorio. Espera a que suene el tonito de bienvenida de Windows y abre el navegador, con la esperanza de encontrar algo interesante que hacer y así poder olvidar a aquella chica.
En un lugar de esa ciudad más apartado de aquella habitación una chica con el pelo rosa se recuesta en un sofá marrón viejo y desgastado, de fondo suena Mardy Bum de los Arctic Monkeys. Está nerviosa. No sabe el efecto que habrá causado su travesura al chico cascarrabias del autobús. Pero bueno, si no se presentaba tenía un bonito recuerdo.
Alarga el brazo hasta la mesita que tiene enfrente y coge el dibujo que esta sobre ella. Es realmente bonito. Aunque se nota que no está terminado. Ojalá llegue un día en el que lo vea finalizado. Ya se encargará ella de que ese día llegue si es que vuelve a manos de su dueño. Repasa los trazos con el dedo. Los enormes ojos anime la cautivan, el muchacho tiene talento. Desea que se presente al día siguiente a su cita. Se levanta y sube el volumen de la gramola, deliciosa música.
Su habitación no es muy grande y en un par de zancadas se la come. La cama se encuentra pegada a la pared de la derecha y al fondo un pequeño escritorio desordenado con papeles y libros por todos lados, en el medio resalta un viejo ordenador portátil que siempre está enchufado. El armario está empotrado en la pared enfrente de la cama y deja un pequeño espacio entre la cama y el dónde se sitúa un espejo alto. Enfrente de la cama hay una encimera repleta de cajones y a su lado un mueble estantería plagado de carpetas libros peluches y fotos. En el suelo una pequeña alfombra a rayas de colores ocupa el espacio libre que no es muy extenso.
Así que da las vueltas muy rápido, como un loco, sobre la pequeña alfombra. Tiene todos los dibujos esparcidos por la cama y la carpeta amarilla tirada en el suelo abierta de par en par.
Se deja caer mareado en la cama no sabe si es por las vueltas o por el enfado. En el fondo le da igual. No le importa que algunos dibujos se arruguen y crujan bajo su peso. Aparta los cojines de la cama con un manotazo. Se intenta relajar. Imposible. Ya venía cabreado antes de subir al autobús. No pudo dibujar en paz. Y encima esto. Estira el brazo hasta un pequeño trozo de papel arrugado. Relee la nota que ha encontrado en la carpeta:
“Más o menos, esto es un secuestro. Si quieres recuperar ese bonito dibujo que estabas haciendo tendrás que quedar conmigo mañana a las 5 en la parada de autobús en la que subiste ayer.
Besos Dee-Dee."
Hace una mueca de disgusto mientras rebusca de nuevo entre los papeles de la cama comprobando por décima vez que no se encuentra el dibujo entre ellos. Se deja caer de nuevo boca arriba sobre la almohada. No lo había encontrado. La chica del pelo rosa se lo había llevado de verdad.
A cualquiera eso le habría parecido algo bonito o romántico. A él, no. ¿Quién se cree que es para secuestrar dibujos? Se plantea acudir a la cita para recuperar su dibujo. ¿Qué podía a perder? El tiempo. Pero no tiene ninguna otra opción. Sin embargo le repatea la moral el hecho de que ella saliese con la suya. Ese comportamiento le parecía más propio de una cría pequeña que de esa chica que debería tener por lo menos dieciséis años.
Definitivamente no, no va a ir. No le dará ese placer a la tal Dee-Dee. No sabe nada sobre ella y dado a las pintas que lleva…
Lo que más le molesta es que se siente muy orgulloso de ese dibujo. No lo ha copiado de ningún lado. Es completamente suyo. ¡Hasta tenía pensado pasarlo a ordenador y terminarlo con un programa! Pero no lo podría hacer a no ser que se citase con la chica de pelo rosa. Pero no, no va a ir: se dice una y otra vez.
- Maldita guarra…-repite para sí mismo.
La insulta miles de veces y recuerda su imagen. Se ríe para sus adentros. ¿Qué se cree que es con el pelo rosa? Aunque era cierto que lo llevaba con naturalidad. Pero era demasiado falso. Los ojos perfilados, los labios rojos y el pelo rosa. ¿Cómo sería ella de forma natural? ¿Llevaba ese aspecto únicamente para llamar la atención o reflejaba su personalidad?
La verdad es que es la chica más curiosa que jamás ha visto y la idea de quedar con ella es realmente tentadora. Pero se lo podría haber pedido de otra forma ¿no? Es que… chantajearle, ¿a él? A pesar de todo es orgulloso. No se dejará arrastrar por aquella chica.
Es una desconocida ¡Una cualquiera! ¿Cualquiera? Pero si es impresionante. ¡Dios que confusión! ¿Por qué no puede ponerse de acuerdo consigo mismo?
- Maldita bipolaridad-gruñe.
Niega un par de veces con la cabeza diciéndose a sí mismo que no va a ir. ¿Por qué no es capaz de creer lo que estaba diciendo? Maldice la situación mil veces más.
Se levanta de un salto dejando caer parte de los papeles de la cama al suelo. Ya lo recogerá más tarde. Hace crujir los dedos de sus manos. Enciende el ordenador y se sienta en la silla del escritorio. Espera a que suene el tonito de bienvenida de Windows y abre el navegador, con la esperanza de encontrar algo interesante que hacer y así poder olvidar a aquella chica.
En un lugar de esa ciudad más apartado de aquella habitación una chica con el pelo rosa se recuesta en un sofá marrón viejo y desgastado, de fondo suena Mardy Bum de los Arctic Monkeys. Está nerviosa. No sabe el efecto que habrá causado su travesura al chico cascarrabias del autobús. Pero bueno, si no se presentaba tenía un bonito recuerdo.
Alarga el brazo hasta la mesita que tiene enfrente y coge el dibujo que esta sobre ella. Es realmente bonito. Aunque se nota que no está terminado. Ojalá llegue un día en el que lo vea finalizado. Ya se encargará ella de que ese día llegue si es que vuelve a manos de su dueño. Repasa los trazos con el dedo. Los enormes ojos anime la cautivan, el muchacho tiene talento. Desea que se presente al día siguiente a su cita. Se levanta y sube el volumen de la gramola, deliciosa música.
CAPÍTULO 1
Es viernes por la tarde. Cientos de personas caminan por la calle con una sonrisa en la boca pensando en la promesa de un fin de semana nuevo para ellos mismos lejos del estrés y del trabajo o los estudios.
Marco espera al autobús tranquilo, ajeno a las conversaciones de un grupo de compañeros que tiene a su lado. Golpea suavemente los dedos contra su carpeta al ritmo de la música que escucha por unos pequeños auriculares. Nadie se fija en él, al igual que él no se fija en nadie.
El autobús llega tras unos minutos de espera y el chico sube el primero buscando rápidamente un sitio junto a la ventanilla al fondo lejos de sus compañeros que se sientan cerca del conductor el cual les maldice una y otra vez.
Marco nota como alguien se sienta a su lado. No le da importancia alguna, abre su carpeta y no puede evitar una sonrisilla.
Aquella es su única y verdadera pasión, el dibujo. Es su vía de escape. Lo que le ayuda a alejarse del mundo corriente, de toda la mierda que formaba su vida. Allí todo es perfecto. Cuando tiene un portaminas en la mano y un folio en la mesa es un chico diferente, y eso le hace feliz durante unos instantes. Saca un boceto que tiene a meda hacer y comienza a detallarlo con trazos más fuertes y más gordos comenzando a formar sombras.
- Uff…-suspira una voz femenina a su lado.-Éste libro es como todos.-comenta la voz.
Marco la ignora, molesto. Odia que le interrumpan en su momento creativo y odia la gente que habla con desconocidos con naturalidad. ¿Es que no conocen el cuento de Caperucita Roja?
- Demasiado perfecto para creértelo.-continúa.- Es una chica preciosa a la que todos los chicos adoran, pero ella no sabe lo hermosísima que es y todos sufren por ella. El escritor intenta que los lectores creamos que sus padres son crueles y le hacen la vida imposible, pero cualquiera desearía una familia así.-toma aire y Marco reza para que haya terminado y le deje dibujar en paz. Pero por el contrario continúa:
- El caso es que la chavala se crea sus propios problemas y se monta un dramón ella sola. Todas sus amigas la apoyan y acaba con el chico perfecto de sus sueños del que estaba enamorada hace mucho tiempo pero no se atrevía a decírselo. Previsible ¿no?
Marco aprieta los dientes.
- ¿Y se puede saber por qué te lo lees si tanto lo odias?-murmura enojado sin prestarle atención a la chica. Esta ignora el enfado del muchacho y continúa.
- Pero claro, aún quedan cabos sueltos. Un chico lleva enamorado de ella mucho tiempo y ahora que va a hacer el pobre. Ella es el amor de su vida así que opta por el camino más rápido.-deja un instante de silencio para crear “tensión”:
- Se suicida. Y ahí es cuando supuestamente todos tenemos que llorar, pero no puedes evitar pensar, vaya mierda de argumento.
Se ríe. Mira al chico. Éste no puede evitarlo más y gira su cabeza para mirar a aquella chica con tanta verborrea.
Se encuentra con rostro menudo en el que destacan dos enormes ojos verdes perfilados por una gruesa capa de eyeliner y rímel sobre una pequeña nariz puntiaguda y una sonrisa de dientes blancos perfectamente alineados tras unos labios rojos.
Pero lo que más le llama la atención es su pelo rosa, cortado a capas que le llegan hasta la cintura y un flequillo de lado que oculta una pequeña parte de su ojo derecho.
No puede decir si es guapa o no, lo que sí es cierto es que parece sacada de uno de los comics que tanto le gustaban a Marco, y esto le llama la atención. En cuanto llegue a casa hará un boceto sobre ella.
- Por fin de te dignas a mirarme.-sonríe la joven ladeando la cabeza.
- Tiene que saber quién no me ha dejado dibujar durante todo el viaje.-contesta Marco enfadado. La chica le mira con curiosidad y se fija por primera vez en la carpeta que tiene Marco sobre las piernas. Se la arrebata antes de que él pueda impedirlo y comienza a cotillear los dibujos del chico.
- Vaya…-murmura sacando algunos de la carpeta y acercándoselos a los ojos para observar los detalles desde más cerca. El joven sonríe orgulloso y se dedica a observar a otras personas a través de la ventanilla.
Pasados unos minutos vuelve a prestarle atención a la chica del pelo rosa que se ha acomodado con los pies sobre el respaldo del asiento de delante y sostiene los dibujos sobre su cabeza con las dos manos, mirándolos con suma atención.
- Me gustan.-comenta guardándolos de nuevo en la carpeta.-¿Son todos tuyos?
- La verdad es que sí. Bueno no del todo. La mayoría son copias de alguna viñeta de un cómic o de alguna lámina que he visto en internet. Pero todos lo he dibujado yo.-contesta Marco.
- ¡Lo sabía! He reconocido algunos personajes de una serie, pero me gustan.-sonríe. Le devuelve la carpeta.
- Gracias.-murmura mientras guarda la carpeta en la mochila que tiene a sus pies. No puede evitar mirar a la chica de reojo con curiosidad.
Lleva un pantalón corto vaquero algo roto y demasiado corto pero no dejaba ver nada que no se debiera ver. Una camiseta corta y ancha donde se lee “Noise” (ruido en inglés) que deja ver la tira de un sujetador rosa. En los pies lleva unas converse blancas sucias y rotas, se nota que están demasiado usadas. Tiene alguna que otra pulse de hilo adornando sus muñecas.
Parece un estilo desordenado pero extrañamente arreglado. Es como cuando tienes la mesa llena de cosas y cualquiera diría que es un desorden pero tú tienes todo perfectamente organizado.
Sin ninguna duda es el bicho más raro que Marco jamás había conocido. Una parte de él desea alejarse de ella cuanto antes, pero otra le atrae a conocerla más.
- Bueno esta es mi parada.-dice la joven levantándose de un salto. Marco se sobresalta y la mira.-Hasta otra.
Marco se queda solo en el autobús. No le apetece sacar su carpeta de dibujo. Así que sube el volumen y se deja llevar con “We Can Work It Out” de los Beatles.
Marco espera al autobús tranquilo, ajeno a las conversaciones de un grupo de compañeros que tiene a su lado. Golpea suavemente los dedos contra su carpeta al ritmo de la música que escucha por unos pequeños auriculares. Nadie se fija en él, al igual que él no se fija en nadie.
El autobús llega tras unos minutos de espera y el chico sube el primero buscando rápidamente un sitio junto a la ventanilla al fondo lejos de sus compañeros que se sientan cerca del conductor el cual les maldice una y otra vez.
Marco nota como alguien se sienta a su lado. No le da importancia alguna, abre su carpeta y no puede evitar una sonrisilla.
Aquella es su única y verdadera pasión, el dibujo. Es su vía de escape. Lo que le ayuda a alejarse del mundo corriente, de toda la mierda que formaba su vida. Allí todo es perfecto. Cuando tiene un portaminas en la mano y un folio en la mesa es un chico diferente, y eso le hace feliz durante unos instantes. Saca un boceto que tiene a meda hacer y comienza a detallarlo con trazos más fuertes y más gordos comenzando a formar sombras.
- Uff…-suspira una voz femenina a su lado.-Éste libro es como todos.-comenta la voz.
Marco la ignora, molesto. Odia que le interrumpan en su momento creativo y odia la gente que habla con desconocidos con naturalidad. ¿Es que no conocen el cuento de Caperucita Roja?
- Demasiado perfecto para creértelo.-continúa.- Es una chica preciosa a la que todos los chicos adoran, pero ella no sabe lo hermosísima que es y todos sufren por ella. El escritor intenta que los lectores creamos que sus padres son crueles y le hacen la vida imposible, pero cualquiera desearía una familia así.-toma aire y Marco reza para que haya terminado y le deje dibujar en paz. Pero por el contrario continúa:
- El caso es que la chavala se crea sus propios problemas y se monta un dramón ella sola. Todas sus amigas la apoyan y acaba con el chico perfecto de sus sueños del que estaba enamorada hace mucho tiempo pero no se atrevía a decírselo. Previsible ¿no?
Marco aprieta los dientes.
- ¿Y se puede saber por qué te lo lees si tanto lo odias?-murmura enojado sin prestarle atención a la chica. Esta ignora el enfado del muchacho y continúa.
- Pero claro, aún quedan cabos sueltos. Un chico lleva enamorado de ella mucho tiempo y ahora que va a hacer el pobre. Ella es el amor de su vida así que opta por el camino más rápido.-deja un instante de silencio para crear “tensión”:
- Se suicida. Y ahí es cuando supuestamente todos tenemos que llorar, pero no puedes evitar pensar, vaya mierda de argumento.
Se ríe. Mira al chico. Éste no puede evitarlo más y gira su cabeza para mirar a aquella chica con tanta verborrea.
Se encuentra con rostro menudo en el que destacan dos enormes ojos verdes perfilados por una gruesa capa de eyeliner y rímel sobre una pequeña nariz puntiaguda y una sonrisa de dientes blancos perfectamente alineados tras unos labios rojos.
Pero lo que más le llama la atención es su pelo rosa, cortado a capas que le llegan hasta la cintura y un flequillo de lado que oculta una pequeña parte de su ojo derecho.
No puede decir si es guapa o no, lo que sí es cierto es que parece sacada de uno de los comics que tanto le gustaban a Marco, y esto le llama la atención. En cuanto llegue a casa hará un boceto sobre ella.
- Por fin de te dignas a mirarme.-sonríe la joven ladeando la cabeza.
- Tiene que saber quién no me ha dejado dibujar durante todo el viaje.-contesta Marco enfadado. La chica le mira con curiosidad y se fija por primera vez en la carpeta que tiene Marco sobre las piernas. Se la arrebata antes de que él pueda impedirlo y comienza a cotillear los dibujos del chico.
- Vaya…-murmura sacando algunos de la carpeta y acercándoselos a los ojos para observar los detalles desde más cerca. El joven sonríe orgulloso y se dedica a observar a otras personas a través de la ventanilla.
Pasados unos minutos vuelve a prestarle atención a la chica del pelo rosa que se ha acomodado con los pies sobre el respaldo del asiento de delante y sostiene los dibujos sobre su cabeza con las dos manos, mirándolos con suma atención.
- Me gustan.-comenta guardándolos de nuevo en la carpeta.-¿Son todos tuyos?
- La verdad es que sí. Bueno no del todo. La mayoría son copias de alguna viñeta de un cómic o de alguna lámina que he visto en internet. Pero todos lo he dibujado yo.-contesta Marco.
- ¡Lo sabía! He reconocido algunos personajes de una serie, pero me gustan.-sonríe. Le devuelve la carpeta.
- Gracias.-murmura mientras guarda la carpeta en la mochila que tiene a sus pies. No puede evitar mirar a la chica de reojo con curiosidad.
Lleva un pantalón corto vaquero algo roto y demasiado corto pero no dejaba ver nada que no se debiera ver. Una camiseta corta y ancha donde se lee “Noise” (ruido en inglés) que deja ver la tira de un sujetador rosa. En los pies lleva unas converse blancas sucias y rotas, se nota que están demasiado usadas. Tiene alguna que otra pulse de hilo adornando sus muñecas.
Parece un estilo desordenado pero extrañamente arreglado. Es como cuando tienes la mesa llena de cosas y cualquiera diría que es un desorden pero tú tienes todo perfectamente organizado.
Sin ninguna duda es el bicho más raro que Marco jamás había conocido. Una parte de él desea alejarse de ella cuanto antes, pero otra le atrae a conocerla más.
- Bueno esta es mi parada.-dice la joven levantándose de un salto. Marco se sobresalta y la mira.-Hasta otra.
Marco se queda solo en el autobús. No le apetece sacar su carpeta de dibujo. Así que sube el volumen y se deja llevar con “We Can Work It Out” de los Beatles.
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