¡Maldita guarra! Marco da vueltas a su habitación de un lado a otro. De vez en cuando le da una patada a la mesa o al armario.
Su habitación no es muy grande y en un par de zancadas se la come. La cama se encuentra pegada a la pared de la derecha y al fondo un pequeño escritorio desordenado con papeles y libros por todos lados, en el medio resalta un viejo ordenador portátil que siempre está enchufado. El armario está empotrado en la pared enfrente de la cama y deja un pequeño espacio entre la cama y el dónde se sitúa un espejo alto. Enfrente de la cama hay una encimera repleta de cajones y a su lado un mueble estantería plagado de carpetas libros peluches y fotos. En el suelo una pequeña alfombra a rayas de colores ocupa el espacio libre que no es muy extenso.
Así que da las vueltas muy rápido, como un loco, sobre la pequeña alfombra. Tiene todos los dibujos esparcidos por la cama y la carpeta amarilla tirada en el suelo abierta de par en par.
Se deja caer mareado en la cama no sabe si es por las vueltas o por el enfado. En el fondo le da igual. No le importa que algunos dibujos se arruguen y crujan bajo su peso. Aparta los cojines de la cama con un manotazo. Se intenta relajar. Imposible. Ya venía cabreado antes de subir al autobús. No pudo dibujar en paz. Y encima esto. Estira el brazo hasta un pequeño trozo de papel arrugado. Relee la nota que ha encontrado en la carpeta:
“Más o menos, esto es un secuestro. Si quieres recuperar ese bonito dibujo que estabas haciendo tendrás que quedar conmigo mañana a las 5 en la parada de autobús en la que subiste ayer.
Besos Dee-Dee."
Hace una mueca de disgusto mientras rebusca de nuevo entre los papeles de la cama comprobando por décima vez que no se encuentra el dibujo entre ellos. Se deja caer de nuevo boca arriba sobre la almohada. No lo había encontrado. La chica del pelo rosa se lo había llevado de verdad.
A cualquiera eso le habría parecido algo bonito o romántico. A él, no. ¿Quién se cree que es para secuestrar dibujos? Se plantea acudir a la cita para recuperar su dibujo. ¿Qué podía a perder? El tiempo. Pero no tiene ninguna otra opción. Sin embargo le repatea la moral el hecho de que ella saliese con la suya. Ese comportamiento le parecía más propio de una cría pequeña que de esa chica que debería tener por lo menos dieciséis años.
Definitivamente no, no va a ir. No le dará ese placer a la tal Dee-Dee. No sabe nada sobre ella y dado a las pintas que lleva…
Lo que más le molesta es que se siente muy orgulloso de ese dibujo. No lo ha copiado de ningún lado. Es completamente suyo. ¡Hasta tenía pensado pasarlo a ordenador y terminarlo con un programa! Pero no lo podría hacer a no ser que se citase con la chica de pelo rosa. Pero no, no va a ir: se dice una y otra vez.
- Maldita guarra…-repite para sí mismo.
La insulta miles de veces y recuerda su imagen. Se ríe para sus adentros. ¿Qué se cree que es con el pelo rosa? Aunque era cierto que lo llevaba con naturalidad. Pero era demasiado falso. Los ojos perfilados, los labios rojos y el pelo rosa. ¿Cómo sería ella de forma natural? ¿Llevaba ese aspecto únicamente para llamar la atención o reflejaba su personalidad?
La verdad es que es la chica más curiosa que jamás ha visto y la idea de quedar con ella es realmente tentadora. Pero se lo podría haber pedido de otra forma ¿no? Es que… chantajearle, ¿a él? A pesar de todo es orgulloso. No se dejará arrastrar por aquella chica.
Es una desconocida ¡Una cualquiera! ¿Cualquiera? Pero si es impresionante. ¡Dios que confusión! ¿Por qué no puede ponerse de acuerdo consigo mismo?
- Maldita bipolaridad-gruñe.
Niega un par de veces con la cabeza diciéndose a sí mismo que no va a ir. ¿Por qué no es capaz de creer lo que estaba diciendo? Maldice la situación mil veces más.
Se levanta de un salto dejando caer parte de los papeles de la cama al suelo. Ya lo recogerá más tarde. Hace crujir los dedos de sus manos. Enciende el ordenador y se sienta en la silla del escritorio. Espera a que suene el tonito de bienvenida de Windows y abre el navegador, con la esperanza de encontrar algo interesante que hacer y así poder olvidar a aquella chica.
En un lugar de esa ciudad más apartado de aquella habitación una chica con el pelo rosa se recuesta en un sofá marrón viejo y desgastado, de fondo suena Mardy Bum de los Arctic Monkeys. Está nerviosa. No sabe el efecto que habrá causado su travesura al chico cascarrabias del autobús. Pero bueno, si no se presentaba tenía un bonito recuerdo.
Alarga el brazo hasta la mesita que tiene enfrente y coge el dibujo que esta sobre ella. Es realmente bonito. Aunque se nota que no está terminado. Ojalá llegue un día en el que lo vea finalizado. Ya se encargará ella de que ese día llegue si es que vuelve a manos de su dueño. Repasa los trazos con el dedo. Los enormes ojos anime la cautivan, el muchacho tiene talento. Desea que se presente al día siguiente a su cita. Se levanta y sube el volumen de la gramola, deliciosa música.
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