¿Qué narices hago aquí? Marco espera nervioso en la parada de autobús. Aún no ha aparecido la chica del pelo rosa y ya le parece una mala idea haber venido.
En realidad nunca pensó que fuese una buena idea. Pero lo cierto es que está aburrido de todo. Y la verdad es que no puede perder nada viniendo. Además tiene ganas de hablar con la tal Dee-Dee. Aunque él no quiere reconocerlo. Empieza a tamborilear con los dedos sobre el móvil que mira una y otra vez buscando la hora.
Pasan los minutos, las cinco, las cinco y tres, las cinco y seis… Marco impaciente comienza a cambiar el peso de su cuerpo de una pierna a otra con un suave tambaleo impaciente.
Llega un autobús, y otros muchos más. Tiene la esperanza de que Dee-Dee baje de uno de ellos. Pero eso no ocurre, tiene la sensación de que le han dado calabazas aún sin ser eso una cita. Mira a ambos lados agudizando la vista al máximo. Pero ni rastro de la muchacha de pelo rosa. ¿Seguro que no fue un sueño?
- ¡Eh!-grita alguien a lo lejos.
El corazón de Marco da un vuelco, ya tenía asumido que la joven no iba a aparecer. Por fin, piensa. Se siente ridículo. ¿Por qué habré venido? No me costaría nada empezar el dibujo de nuevo. Pero, ¿Aquello es por el dibujo?
No le da tiempo reflexionar más porque unos brazos le rodean rápidamente y hunde la cara en una suave cabellera rosa que huele a fresas.
Le parece irónico, todo lo rosa chicle huele a fresa incluso las mujeres rosas, y sonríe. No eso no es un sueño, el dulce olor es demasiado real.
- Hola.-saluda la joven.
- Hola.-responde Marco con un toque de desdén.
- Me alegro de que no te hayas enfadado por el dibujo.-dice alegremente Dee-Dee.
- La verdad es que me ha molestado bastante.-contesta Marco aparentando ser un tipo duro y tratando de ocultar las ganas que tenía en los últimos minutos de ver a la chica.-No está bien eso de ir por ahí, se-cues-tran-do.-dice mientras hace una especie de comillas con dos dedos de cada mano.-Dibujos.
Dee-Dee le mira fijamente, se encuentran en un momento de silencio incómodo en el que ninguno de los dos sabe muy bien que decir o que hacer.
Marco observa a la chica de arriba a abajo la joven viste unos vaqueros largos igual de rotos que los anteriores y muy desgastados sujetados en su fina cadera por un cinturón de cuadros ska blancos y negros. Lleva una camiseta de hombros descolgados blanca con el logo de Los Ramones y unas converse rojas con un cordón negro y otro blanco.
La chica toma la iniciativa, ya que es ella la causante de todo aquello y no soporta más esa incómoda situación.
-Bueno… Da igual. El caso es que has venido. Incluso antes de tiempo.-Marco se sonroja.
¿Tanto se nota que había llegado cinco minutos de antes? Espera que la muchacha no crea que tenía ganas de verla. Aunque en el fondo no iría muy desencaminada. Pero Marco negaría esa afirmación tantas veces como hicieran falta.-¿Nos vamos a dar una vuelta?-propone insegura la chica mirando al muchacho intentando averiguar a qué viene esa reacción.
- ¿Pero no me vas a dar mi dibujo?-responde Marco anonadado disimulando sus mejillas sonrosadas.
- Solo si me caes bien.-responde Dee-Dee con una sonrisa. Marco suspira, tiene que entrar en el juego de aquella loca del pelo rosa. Pero bueno, no tiene nada mejor que hacer, su vida no es muy interesante que se diga. O por lo menos, no lo es para él.
- Supongo que no puedo negarme.-acepta Marco encogiéndose ligeramente de hombros.-Pero antes de nada. ¿Cómo te llamas?
- Llámame Dee. Firmo como Dee-Dee pero solo Dee.-espera un segundo antes de aclarar.-Se escribe con dos es.
- Ese no es tu nombre de verdad ¿no?-pregunta Marco ladeando la cabeza. La chica ríe, pero no contesta. Marco no puede evitar sentir curiosidad por Dee. Ella en sí es un misterio.
Durante aquella tarde recorrieron varios parques y tiendas extravagantes en los que Dee no dejaba de saludar a gente con una intimidad impresionante. Parecía que no había nadie de aquel mundillo que no la conociese. Era extremadamente sociable.
Sin embargo mucha gente le dedicaba a Marco una mirada hostil. Destacaba bastante por su atuendo aunque Dee no se percató de ello, o por lo menos no parecía hacerlo.
Marco siempre iba impecable a todos lados, camisa y pantalones lisos. No llegaba a meterse la camisa por dentro pero estaba a un paso. Llevaba zapatillas elegantes y una americana del mismo color que los pantalones. El pelo liso con flequillo de lado perfectamente peinado.
Cuidaba su imagen, y llamaba la atención verle junto a Dee, eran dos polos opuestos.
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